lunes, 27 de mayo de 2013

Oriola



Jamás podré olvidar tu nombre.

A veces por la calle me cruzo con tus ojos y es cuando me doy cuenta que tampoco voy a olvidar esa primera vez que nos conocimos en la habitación número 212, la recuerdo perfectamente, porque tu madre te acompañaba aquella vez (y siempre luego) y ambas tenían la sonrisa de algo bicolor y hermoso que siempre se sentía fresco en los brazos al abrir y cerrar la puerta de la habitación

212, donde te instale y luego te dije no temas, es solo una hincadita, y te puse tu primera vía endovenosa y tú nunca jamás tuviste miedo, siempre me hacías caso cuando te daba ese consejo
tranquila linda, no es tan malo

te decía cosas así como linda, reina, mi amor y tu sonreías otra vez con ese tesoro que llevabas en el
rostro y que te quedaba tan entallado y resaltaba aquel atributo tan tuyo del amor

y entonces llegabas una, dos veces al mes y no era fácil te daba fuerte las náuseas y el mareo,
te daba vueltas todo y no podías comer pero siempre tan serena, nuevamente tus ojos llenos de vida cuando me veías, se te abrían enormes al ver los míos abriéndose también de alegría al verte 
porque volvía yo tan pesada a querer decirte linda una vez más, y nuestros ojos tal vez en el fondo veían algo más, no solamente nuestros reflejos incoloros sino algo más, una soledad sucedánea, una alegría jodida y simple, pero alegría al fin y al cabo

y luego me contaron que llegaste mal y yo no estaba, ya me habían despedido del trabajo, y no pude decirte esas cosas de siempre
y te fuiste con muchas ganas de vivir, decían mis colegas,
pero yo sé que te has transformado en una flor o una mariposa de la montaña

Jamás podré olvidar tu nombre
Oriola
tus grandes ojos, tu sonrisa




4 comentarios:

  1. Anónimo11:38 p.m.

    Es inventado , o es tu paciente que alguna vez me contaste que se enamoró de ti. Murió?

    Soy David por cierto .

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  2. Hola David:
    El relato anterior es acerca de un evento real. Conocí a Oriola en la clínica cuando le detectaron una enfermedad y seguí conociéndola en el curso de la misma.
    Las historias más increíbles son las reales.
    Un abrazo.

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  3. Espero que no haya sido una niña.

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Gracias por comentar.