Aquella vez no te pude mentir: el relato que escribí lo hice recordando cuando caminamos de mi casa al parque, del parque a mi casa. Fumábamos. Soliamos conversar siempre sobre música y nunca sobre trabajo. Me decías que cuando fueras grande, serías médico durante la mañana, guitarrista por la tarde y violador caleta por la noche. Eras un perro, qué lindo perro. No pasó mucho tiempo para que te conviertas en el monstro lila, ese al que veo cada noche en la esquina de mi cuarto, con un libro entre las manos y quien sabe qué traiga en el cuello, algo que brilla mucho y me asusta. Talvez sea sangre, talvez sea lodo.
Siempre te mentí. Eras el hombre más inteligente del mundo.
NO CREO EN LA SUERTE
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Hace 2 semanas me enteré que quedé en segundo lugar del concurso de
historieta Temática de la Universidad Científica del Sur, y qué bueno porque
ya me pare...
Hace 1 día



