lunes, 7 de febrero de 2011

Hoy




Hoy tuve unas tremendas ganas de desaparecer, más que nunca. Desperté completamente distraída mientras el día se hacía cada vez más caliente. Pensé en vivir en un lugar más frío tal vez y sin quererlo tuve náuseas de la vida, del calor y del verano. Considero completamente injusto tener que desenvolverse en circunstancias catastróficas y encima aguantarte el discurso de fe en un Dios que reparte sin que "chorree", como dicen los famosos y resabidos políticos actuales. Es de mal gusto crear seres humanos inocentes sin un fin de mayor envergadura que la muerte. Nosotros los humanos somos como las flores, como los perros, como el plancton, somo equivalentes a todo porque todos somos universo, y aún así no nos preguntamos qué pasa con una flor cuando muere, o que pasa con aquel pollo que en un afán de volar calló desde la azotea a la casa del vecino. Cuando una flor muere simplemente plantamos más flores y cuando se muere nuestra mascota pensamos en tener otra pronto. No es de buen gusto criar un niño para exponerlo al peligro de la ausencia y el abandono, no es de buen gusto unirse a un hombre o a una mujer sólo por procrear, de hecho es inmoral amar para obtener algo, amar por interés. Si digo esto es porque censurarme sería ensuciarme las manos con mi propia sangre, a lo cual me opongo rotundamente.
He oído hablar a mis amigos de temas trascendentales y los he dejado hablando solos a pesar de su terquedad y mi emoción al conversar. He perdido la brújula que aunque malograda de fábrica me mantenía andando en círculos en un bosque espeso y tenebroso pero de cierta forma gracioso. Me piden que me acerque a Dios, me piden que aprenda de Buda, me piden que les regale sonrisas, me hablan de literatura, de política, me dicen que soy un ser egoísta y caprichoso, me dicen que aprenda de los minusválidos, me preguntan qué pasó con Osho y yo no hago más que callar por respeto, ausentarme. Mis amigos al igual que los amigos de cualquier persona no hacen milagros.
La vida es una cárcel, la muerte también lo es. No queda de otra que esperar el invierno o esperar la lluvia, esperar los climas fríos que nos den un abrazo polar, las tardes de viento, las noches con una chaqueta y un walkman, los cafés, las galletas, la tele, las náuseas incontrolables, las ganas de tener ganas.




3 comentarios:

  1. Qué bien te expresas... Excelente post...

    ResponderEliminar
  2. Hoy me dieron ganas de matar el verano. Lo tuyo es contagioso. Casi casi te envidio , al menos por lo que sentías mientras escribías esto.
    Cuando Fermina se muera plantaré una flor azulamarilla.

    ResponderEliminar

Gracias por comentar.