lunes, 1 de marzo de 2010

Pereza





Bebo a sorbos una taza de té de manzanilla. Veo el show de Wendy Williams. Adoro la canción principal del programa. Woo-woo , repite constantemente como estribillo. Ese sonido es volátil y se parece a lava hirviente. Me imagino que la erupción de un volcán debe ser sofocante, veloz, insípida. Se me ocurre tener sed pero el té se ha acabado. La planta de mi cuarto se ve sedienta. Me pide a gritos un sorbo de agua y se lo niego por pereza. Me gustaría que no esté sedienta nunca, me gustaría no tener la necesidad de tener necesidades. Me gustaría ser un chocolate. O un hurón a pesar de que si fuera un hurón y naciera en este país, me llamaría ferret. Ambos nombres son simétricos y le hacen honor a la belleza del animal.

Un buho de piedra me mira sin boca. Me pregunto por qué no tiene boca y llego a la conclusión de que el hombre quien lo esculpió nunca supo esculpir bocas, siempre se le hizo difícil desde que inició la tan duramente artística empresa de la escultura en piedra. Ahora, esta tendencia de dicho hombre, a quien llamaremos Larry, puede tener un orígen más o menos psicológico, y si vamos un poquito más allá, podríamos decir que Larry tuvo un marcado trauma en la etapa Oral, esto según el psicoanálisis. Entonces imaginemos a Larry de niño, unos dieciocho meses de edad, o tal vez dos años. Larry ama a su madre pero también ama sus chupones. La madre de Larry no gusta de los chupones en absoluto. Se los quita constantemente con vehemencia y Larry llora. Un día, harta de ver a Larry pegado al chupón, arruinando el crecimiento de sus dientes, la señora coge los chupones, trece en total, los lleva al patio trasero, y delante de los inquietos y cristalinos ojos de Larry, mete los chupones en un latón y les prende fuego, ayudada de un poco de kerosene. Larry llora con profundidad y encanto. Larry maldice a su madre y patalea. Se siente voráz y patético a la vez, a pesar de ser tan pequeño. Siente que nada tiene sentido. La madre de Larry se asoma al fuego y ve que ya todo está chamuscado, así que vierte agua con un balde pequeño y se acaba la improvisada hoguera. Pasan los años y Larry olvida. Se le despierta la inteligencia artística y empieza a esculpir en arcilla, luego en piedra. Un tío lejano lo lleva al taller de arte de un amigo suyo, donde se fabrican esculturas de animales. Larry esculpe con elegancia y encanto leones, leonas, patos, gallinas, pero siempre deja la boca para el final. Y cuando llega al final, se da cuenta que no puede esculpir la boca. Su jefe le dice que está bonito, buen trabajo Larrito. Larry se frustra pero no le presta atención a su malestar. Pasan los años y funda la Escuela del Arte Incompleto, pese a las innumerables críticas de sus maestros y colegas. El proyecto, a pesar de todo, es un rotundo éxito. Se siente feliz y realizado.

¿Dónde está Larry?







10 comentarios:

  1. Si yo esculpiera, dejaría el rostro para el final.

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  2. Anónimo9:12 p.m.

    http://www.youtube.com/watch?v=HdUeVAkzEas

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  3. Anónimo9:25 p.m.

    http://www.youtube.com/watch?v=6DFekWAxip4

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  4. Alli esta Larry. Gracias por la musica.

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  5. bada bada!!!

    Nuestro video favorito.

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  6. QUé padre texto Fermina, me agradó el perfil que lograste del escultor, en ningún momento pensé que la narración fuera a tener tal final. Muy padre...
    Abrazos!!...

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  7. fase oral??

    fase fálica???

    en cuál estarás tú Fermina?

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  8. Lo vi pasar, desbocado, calle arriba...

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Gracias por comentar.