miércoles, 12 de enero de 2011

La conmiseración de los profesionales de Salud en el Perú es una reverenda porquería.



Hoy fui a ver a Karla y me contó una anécdota, una anécdota sobre un muchacho que yo conozco. Se llama John Smith García y tiene 22 años. Lo conocí en una clínica en la que estuve trabajando por el mes de Noviembre del año 2010. Cuando dejé de trabajar John seguía hospitalizado, por lo que Karla fue enterada de esta historia cuando yo ya había salido y él estaba por ser dado de alta. Es preciso mencionar que si Karla supo algo fue porque en primera instancia lo vio en el periódico, muy pequeño en el área de regionales, un artículo que llevaba por encabezado Médico bota a paciente de hospital por ensuciar pasillo con deposiciones, noticia que desde el primer momento la impactó, y que luego pudo corroborar y aumentar gracias a un familiar suyo que pudo, gracias a una magistral suerte, presenciar el hecho. Entonces Karla me decía que el joven John Smith García, paciente de la clínica Juan Pablo II de la ciudad de Chiclayo había sido expulsado de dicho recinto tras palabras severas e intransigentes del médico de planta, debido a que al momento de trasladarlo por un pasillo para su posterior alta, el joven cediendo ante la debilidad de su cuerpo y siendo imposible para él hacer un esfuerzo para controlar sus esfínteres, no pudo evitar expulsar determinada cantidad de heces fecales en una masa de aproximadamente 200 cc. Indignado el médico de turno, lanzó su furor sobre el joven y su madre, propinando insultos y agravios a diestra y siniestra, y obligándolos a su vez a expulsar el hospital que tanto esfuerzo les cuesta mantener en orden y limpieza.

Fue en ese momento en que John Smith decide apelar a las enfermeras que de buena gana siempre brindaron acertados cuidados durante su estadía. La enfermera presente, licenciada Diana Morante simplemente atinó a lanzar un gesto de tristeza hacia el joven mientras movía los labios pronunciando ciertas palabras que John no comprendía, entonces se preguntaba qué, qué es lo que me está diciendo la señorita Diana, pero solo veía sus labios moverse y recordaba en ese momento aquellas películas en las que los animales pueden hablar, cosa que siempre le pareció completamente extraña y absolutamente anti-natura.

Sin el soporte de su fiel amiga la enfermera, John tuvo que acudir al policía del hospital. Pasa pasa nomás flaquito, dijo el policía, si el doctor te está botando es porque algo has hecho mal, vaya nomas señora, llévese a su hijo antes que el doctor se caliente más. Entonces John y su madre tuvieron que abandonar el hospital, sin derecho a pasar por los servicios higiénicos para el respectivo aseo.

A la salida, un par de periodistas esperaban con agitación la salida de John Smith García y su madre. Las noticias vuelan pues. Gracias a Dios.




1 comentario:

  1. Qué desgracia! Yo soy Relacionista Pública, me hubiera encargado de pasar la voz EN EL ACTO si lo hubiera sabido! Qué pena en verdad, después de todo, es una muestra más que los humanos hoy en día ya no tienen alma, y menos un corazón con verdaderos sentimientos que laten.
    Me encanta tu blog!

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