jueves, 15 de septiembre de 2011






Desesperación: un sello que te colocaron súbitamente, sin darte cuenta, al nacer. 
Hoy no me es posible huir de aquello que llaman compromiso. Hoy no me es posible ser yo misma porque hace mucho que me lo prohibí. Y hoy, descabelladamente, guardo un billete debajo del colchón.
Recuerdo un cuento que me contaban de pequeña, era sobre una niña que abría la llave del caño y comenzaba a brotar sangre, en vez de agua. recuerdo que adoraba ese cuento pero, por alguna razón, no puedo recordar el final. No puedo recordar aquel, ni mi final, aunque muy en el fondo lo conozco, sin sorpresa ni asombro ni miedo ni fatalidad. Ni siquiera con pudor.
Recuerdo de la tele un hombre caminando sobre clavos, un hombre caminando sobre carbones encendidos, su rostro compungido tal vez más por el miedo escénico que por la concentración o que por la meditación o que por el dolor contenido.
Recuerdo que odiaba la música.
Recuerdo que odiaba las responsabilidades.


1 comentario:

  1. ... qué bien que estés de vuelta... se estrañaban tus lindos escritos...

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Gracias por comentar.