Hubiese querido que nuestra historia no sea esa errada fotonovela ochentera, hubiese querido tener alguna que otra razón positiva o un poco de sentido común.
Los días pasan con la frecuencia más rápida que he podido ver, avanzan rápidos y torpes, tropezando unos con otro,s hiriéndose y colapsando sobre las veredas, cayendo dentro de alguna que otra ventana. Hubiése sido genial contarte todo esto sin el más mínimo decoro y cara cara, como era que nos gustaba. Pero qué era lo que realmente nos gustaba? Nunca pude saberlo, tal vez cuando sea más grande y entienda las cosas con más conciencia y menos emoción. De todas maneras, la vida me parece bellísima y más aún nuestra historia de terror.
Ayer no salí a la calle y creo que por eso tuve tiempo de acordarme de ti.
Hoy caminé bastante por la Av. Saez Peña, por la Av. Pedro Ruiz y me acordé de ti otra vez. La diferencia es que no me recrimino en absoluto por hacerlo.
La nuestra no es una historia cuyos finales fueron felices, de hecho fueron finales abísmicos, traumatizantes, equívocos. No podría imaginar mi vida universitaria sin el hecho de preguntarme dónde estabas cada vez que desaparecías.
Pero
Ahora mismo me pregunto, qué hago aquí?
Aquí.
viernes, 13 de abril de 2012
lunes, 2 de enero de 2012
El cuento.
El cuento empieza con una puerta que se cierra.
Acto seguido, una chica vestida de rojo duerme sobre el suelo en decúbito
ventral. Un pintor desesperado. Una maleta junto a la puerta que acaba de
cerrarse. Siberia. Siberia en el mapamundi. Una ventana abierta. El viento
agitando las cortinas como el amor a Safo. Una mirada traspasando una casa. Un
continente.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Las Mishky Stories de Gonzalo del Rosario
No es la primera vez que les he comentado sobre los libros que por casualidades propias de las circunstancias llegan a mis manos, y tampoco es la primera vez que les he comentado sobre el autor Gonzalo Del Rosario, natural de Trujillo y uno de los últimos escritores jóvenes que están apostando por la literatura como forma de vida, cosa bastante rara en el ámbito norteño, al menos. En esta ocasión Gonzalo nos trae su última producción Mishky Stories, cuentos, o microrelatos que me parece la palabra más apropiada para encasillar literariamente este libro.
Mishky Stories es un libro de microrelatos que compila textos previamente aparecidos en la antología Generación DROG y el híbrido Losocialystones, junto a otras narraciones breves inéditas del autor.
El librillo, de más o menos 15 cm de largo por 10 cm de ancho (algo como un tamaño A6), es una edición de bolsillo de la nueva editorial IncertidumbrEditores, de Trujillo, tamaño que considero bastante apropiado para llevar y traer en distintos modos y que también considero, aún con mayor énfasis, una ventaja para inmiscuir la literatura en más ámbitos, incluso en aquellos en donde un libro es considerado un artefacto de aburrimiento o de significancia nerd.
Cuentos como Rompimiento, Escribiente y Carroza están entre mis favoritos, y en donde se comprueba el gusto de Gonzalo por el humor negro y el sarcasmo a la hora de escribir, lo cual nos asegura por otro lado una lectura divertida y ágil.
En fin, Mishky Stories es un ejemplar de microficción de lectura bastante fresca, juvenil y creativa, recomendado para mayores de 15 años, y lo mejor, es la alegría de saber que el arte aún vive a pesar que el mundo esté por acabarse.
Felices fiestas!!
lunes, 26 de diciembre de 2011
Globos de colores
Me duele la cabeza insoportablemente, debe ser
porque tomé tanto aguardiente anoche o porque hace tres días que no puedo
dormir con dignidad o porque hace tres días permanezco despierta con insomnio,
el mejor amigo de los ansiosos, los deprimidos y los viciosos. Me duele la
cabeza de los ojos para arriba y casi llegando a la nuca, podría asegurar una
migraña pero me da flojera pensar en las causas de este mi dolor. Desafío
entonces los 29°C de Chiclayo dándome una ducha. El agua aplasta mis ojos como
a dos huevos y sin querer (o tal vez queriendo) comienzo a beber del agua que
resbala por mi cara, es una sensación tan placentera que me distraigo del dolor
mío y pienso en las cataratas del Niágara, en la piscina del condominio de
Riverhead, en la playa de Hampton Bays cuando Miao y Wu vieron por primera vez
el océano Atlántico. De pronto el agua fría que cae sobre mi cabeza se vuelve
un poco menos fría, menos fría hasta ponerse tibia, más tibia, casi caliente y
a pesar del calor no se siente nada mal. El agua vuelve a ponerse fría y recuerdo
que me duele la cabeza. Ya en mi cuarto nuevamente escucho a mis palomas Mona y
Lisa cantar o parvear, presiento que las pobres se mueren de calor o de dolor
de cabeza al igual que yo, ni modo, darles una pastilla podría ser fatal, no
quisiera que se enfermen y mucho menos un sábado por la tarde. Sobre mi cama,
con muchos grados Celsius alrededor y el consiguiente dolor de cabeza, no hago
más que cerrar los ojos y pensar. Pienso entonces en unos globos que penden del
bastante alto techo de una habitación y yo trato de tocarles el rabo pero no
alcanzo por más que me esfuerzo; pero los globos están ahí y con eso ya es bastante, no cualquiera
encuentra tantos globos en una habitación desconocida, así que salto y salto
para coger alguno de los globos hasta que me doy cuenta que me he quedado
dormida y despierto. Entonces vuelvo a pensar y recuerdo que la semana pasada
una amiga me llamó y me pidió acompañarla a hacerse un baño de florecimiento. La
acompañé entonces y llegamos a la casa de un señor brujo. Era en un lugar muy
peligroso y apartado de Chiclayo llamado Puente Blanco. Dentro de la casa,
junto a la puerta principal, pude observar una mesa de carpintería. Una voz nos
dio la bienvenida y nos hizo pasar, era el Señor brujo que lejos de parecer un
chamán supe de inmediato que era el carpintero responsable de las virutas que
inundaban el suelo y emanaban un olor tan rico. Silvana, mucho gusto, me presenté. Él también dijo su nombre pero
confieso que no lo recuerdo. Muchas veces amigos, amigas me reclaman por no
recordar lo que me cuentan y no es que signifique poco o nada, sino que no nací
con una espectacular memoria, lo siento. Fuimos tres chicas así que mientras
una se daba el baño con flores y azahares las otras dos conversábamos con el
Señor brujo. Le hice muchas preguntas respecto a su trabajo las cuales iba
respondiendo con bastante humildad. Estaba sorprendida de poder hablar con
tanta soltura con un señor tan mayor y por lo tanto tan sabio. A las personas
mayormente no les gusta responder tantas preguntas y mucho menos a la gente
mayor. Fue tan fluida la conversación que sentí la confianza de contarle
algunas cosas personales al Señor brujo y, cosa sorprendente, me escuchó con
atención, y de cierta manera me aconsejó diciéndome que haga un par de cosas
que no les contaré pero que hice y que no tienen nada que ver con la brujería o
los baños de florecimiento. Al cabo de un rato dejamos la casa y fuimos a comer
Fruto del Mar, mi cebiche favorito y producto de los dioses marítimos. Eso fue
lo que pasó. De nuevo en la cama, siento que el sueño quiere apoderarse
nuevamente de mí, y puedo ver la habitación con el techo altísimo y lleno de
globos de colores.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Los ojos,
el cabello, el sueño, las miradas
El equívoco
parecer de una mano que ondea un pañuelo
con el de
otra que saluda
con el de
otra que limpia los infinitos vasos que sirven la
Vida.
Las hebras
del silencio me han transformado en una loca
que apunta
con una espada a la espalda
de los
asesinos.
El amor se
convierte ahora en una copa vacía
entonces me
disipo solitaria,
corriendo
sin dejar de transformarme
En
vida.
La noche es
un centauro ciego que me devora toda
que me
devora y escupe
Y en mis
ojos puede verse la palidez del dolor.
Quisiera
que tus pies, ahora, corran peregrinos y descalzos
hacia el
templo decadente,
infiel,
profano.
jueves, 27 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
La gravedad
Esta sed que se me cae
de los ojos
No es flor de un día:
La conozco.
Ni bien, ni mal, ni
bien.
Qué desastre comerme
un pan
que una pobre rata
ha despreciado
Qué desgracia llamarle lunes
A un martes
Y a un martes llamarle
nada,
Quedarme muda.
Esta sed, que se me
cae
por todos lados,
Se ha vuelto tras la
colina,
un pozo.
Esta sed moribunda,
despreciable
Esta sed saciada
Saciadisima
Esta sed que se volvió
sueño
Jornada laboral,
huelga, juerga
Qué desgracia llamarle
hambre,
Llamarle sed
¡Qué
sedienta
desgracia
beber!
domingo, 18 de septiembre de 2011
Otro
Estoy alejada de la verdad como un barco.
Y huelo a asfalto.
Si la verdad fuera una luz, me taparía los ojos dejando entrever una pupila vacía.
Si la verdad fuera un barco no sería entonces yo.
Si la verdad fuera un barco, sería de papel.
Se hundiría,
desaparecería.
Estoy alejada y puedo ver.
Tuve que subir a una montaña que no era
Kennesaw
para ver que el pueblo entero
se consumía en llamas.
Nuestro color es el amarillo.
Y nuestra piedra la de la calle.
Y nos gusta creer en horóscopos
por los pretextos.
Me gusta que tengamos pretextos.
Inventar casualidades,
ya sabes cómo soy.
Ayer pasé tanto tiempo en cama
que me convertí en almohada
y se sentía bien y púrpura.
Salí a caminar con los búhos
y los gatos de la noche.
La calle era una lengua inmensa
que me lamía la cara
como un perro bastante amigable.
Soy sólo un pie caminando cuando no estás.
El camino es tan bello
que más bien quisiera ser ojo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Kavafis
Uno de mis poemas favoritos
Cuando emprendas el regreso a Itaca,
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, de conocimiento.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al irritado Poseidón, no les temas;
no hallarás tales cosas en tu camino
si tu pensamiento es elevado, si una sublime
emoción embarga tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al feroz Poseidón, no los encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los pone ante ti.
Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que lleno de placer y alegría
entres a puertos vistos por primera vez;
detente en los mercados fenicios
y adquiere hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano,
y toda clase de perfumes voluptuosos,
todos los perfumes voluptuosos que puedas;
visita muchas ciudades egipcias
para aprender más y más de los sabios.
Ten siempre en tu mente a Itaca.
Tu meta es llegar allí.
Pero no apresures de ninguna manera el viaje.
Mejor que dure muchos años,
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que Itaca te dé riquezas.
Itaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Pero ya no tiene nada para darte.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Tan sabio como has llegado a ser, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Itacas.
ITACA
Cuando emprendas el regreso a Itaca,
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, de conocimiento.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al irritado Poseidón, no les temas;
no hallarás tales cosas en tu camino
si tu pensamiento es elevado, si una sublime
emoción embarga tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al feroz Poseidón, no los encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los pone ante ti.
Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que lleno de placer y alegría
entres a puertos vistos por primera vez;
detente en los mercados fenicios
y adquiere hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano,
y toda clase de perfumes voluptuosos,
todos los perfumes voluptuosos que puedas;
visita muchas ciudades egipcias
para aprender más y más de los sabios.
Ten siempre en tu mente a Itaca.
Tu meta es llegar allí.
Pero no apresures de ninguna manera el viaje.
Mejor que dure muchos años,
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que Itaca te dé riquezas.
Itaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Pero ya no tiene nada para darte.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Tan sabio como has llegado a ser, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Itacas.
Desesperación: un sello que te colocaron súbitamente, sin darte cuenta, al nacer.
Hoy no me es posible huir de aquello que llaman compromiso. Hoy no me es posible ser yo misma porque hace mucho que me lo prohibí. Y hoy, descabelladamente, guardo un billete debajo del colchón.
Recuerdo un cuento que me contaban de pequeña, era sobre una niña que abría la llave del caño y comenzaba a brotar sangre, en vez de agua. recuerdo que adoraba ese cuento pero, por alguna razón, no puedo recordar el final. No puedo recordar aquel, ni mi final, aunque muy en el fondo lo conozco, sin sorpresa ni asombro ni miedo ni fatalidad. Ni siquiera con pudor.
Recuerdo de la tele un hombre caminando sobre clavos, un hombre caminando sobre carbones encendidos, su rostro compungido tal vez más por el miedo escénico que por la concentración o que por la meditación o que por el dolor contenido.
Recuerdo que odiaba la música.
Recuerdo que odiaba las responsabilidades.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
