Conversar es un largo pesar que se disuelve. Río con cautela para no estorbar el sonido, para cuando termine de hacer lo que hago me vaya sin ningún remordimiento. La calle en la que solía ver las tardes alejarse, está ahora cerrada y en su lugar unos hombres construyen algo así como un supermercado o un hospital o tal vez no construyan nada, o tal vez no hay ningún hombre en ningún lugar, y son mas bien espejismos de brujas que quieren conversar, se sienten solas y saben que conversar puede ser un largo pesar.
domingo, 27 de marzo de 2011
Conversar
sábado, 19 de marzo de 2011
Psicología
Un buen amigo se preguntaba si ser psicólogo sería un asunto aburrido.
Yo tenía que irme así que no le respondí. En consecuencia tanto la pregunta como la respuesta quedaron encerradas en sus propios corchos, como sendas botellas de propulsiva champaña.
La verdad no conozco personalmente a muchos psicólogos, pero tengo una idea de la Psicología que si bien puede ser errada, es la idea que se me ha formado con el tiempo y la experiencia, así que de equivocarme asumo totalmente las consecuencias de mis opiniones, que son lo único que tengo por defender.
Siempre he visto a los psicólogos como personas con graves problemas mentales, personas que desean huir de cierta manera- o de cualquier manera- de la realidad que los circunda. Es decir, si existe una profesión que englobe a las personas que posean alguna alteración de moderada a severa en su conducta, una escisión profunda en sus procesos mentales, estaríamos hablando de la Psicología.
Y por qué? Simple. Por la búsqueda de respuestas.
Yo no estoy en contra de la Psicología, pero sí de algunos psicólogos, quienes necesitan urgentemente internamiento en alguna casa de reposo lejos de la civilización.
Ojo que en contra de ellos no tengo nada, pero sí estoy en contra de que basándose en criterios personales brinden una consejería incorrectamente orientada a los incautos pacientes, que con las más cándidas y confusas intenciones sacan una cita con deseos de que se convierta en su ticket de entrada al "bus mágico".
Y no es fácil ser psicólogos. Hay que primero tener cierta estabilidad mental y emocional.
Y yo respeto si alguien de mi entorno opta por estudiar Psicología pero es ya un síntoma, según yo. Y no para separarlo de la "sociedad" (si es que existe), sino para ayudarlos de algún modo.
Y tampoco estoy criticando a la gente con problemas de personalidad o emocionales. De hecho, les está hablando la Depresión en persona! Pero pongo mi granito de arena para mejorar, un granito que se deshace en partículas cada vez más pequeñas, pero que al fin y al cabo es grano.
Y sobre todo lucho, del mimo modo que Bábidi lucha por sus propias causas.
lunes, 14 de marzo de 2011
Poema
Un martillo blanco cayendo y cayendo y cayendo
al suelo.
No sé de aquel sonido nada sino un silencio.
No sé del furor de las ratas nada,
ni de la ausencia paulatina
de un ladrar, una voz ebria,
un palidecer tras cualquier
vidrio.
No sé quién me he vuelto
tal vez una mujer.
No sé quien contesta tras el espejo
cuando se me da por tocarle la nariz
a una luz que llaman
rostro.
Quién me he vuelto?
No sé quien soy desde aquel día.
Pero camino de ida y venida
sin pensar siquiera.
Pero camino
como dormida.
Pero mañana
voltearé para ver mis pasos.
No sé qué clase de quién me he vuelto
desde el incidente aquel.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Sobre la poesía.

La poesía es a veces un arte y a veces una enfermedad. Pero el arte es una enfermedad virtuosa también, por lo tanto no existe Arte sin Enfermedad, y no existe Poesía sin vivir en un estado de constante agonía.
Nadie puede asegurar cuál es el fin de la poesía, ni tampoco nadie puede decir que es insustancial conocer el fin o misión u objetivo. Es como que te da Cáncer y te preguntas por qué, por qué a mi que he sido tan bueno, tan contemplativo con los deseos de mi prójimo. No sabes qué fin pueda tener tu enfermedad, sólo sabes que el fin de tus días avanza con mayor velocidad que el del resto de tus amigos. Lo mismo pasa con la poesía: los poetas no saben por qué nacieron con la sensación de querer poetizar desde una taza de leche hasta un ganso, lo único que saben es que van a hacer poesía mientras puedan y hasta donde puedan.
El otro día estaba en el baño y escuché un pequeñísimo fragmento de conversación entre un par de amigos que me esperaban:
- Es difícil hacer poesía?
- Pues depende: si no lees, no puedes escribir, mientras más leas vas a poder escribir mejor.
Me encantaría decir que las personas que no lean puedan hacer poesía. Yo lo he intentado varias veces sin rendirme en el intento pero debo afirmar que la sensación laberíntica y de explorador en tierra virgen es inevitable. Lo más coherente de mencionar es que la poesía es un don enfermizo con el que nacen no pocas pero sí determinadas personas, y que al resto de los mortales nos queda como misión leerlas para menguar la severidad de los días o para aburrirnos mientras la vida de la masa antiliteraria brilla viento en popa.
lunes, 28 de febrero de 2011
Mañana empieza Marzo.
Debería tomarme un té o dos o tres. Pero si son tres tendrían que ser tazas de café.
Podría darme un baño y beber del agua cruda, como le llaman.
El tiempo, la meteorología se me hacen tesoros invaluables. Me fascina saber el tiempo, o siquiera despertar por las mañanas y ver que el cielo está nublado y que una fría brisa baña los bordes de las ventanas. Presiento que será un día normal, no habrá crepitantes mortuorios del sol.
Recuerdo mi sueño de anoche, lo que me consterna sin saber por qué.
Me provocan unos huevos revueltos con tostadas y otra vez café. Siempre tres.
Le televisión, el tiempo, los huevos.
Me gusta ver cómo Muñeca juega con las palomas. Ella se siente una paloma más.
La cabeza me estalla como cada lunes, los martes y miércoles me vuelvo una fruta por lo fresca.
Todo me da tan igual que me pregunto si habrá más tipas así de dejadas como yo. Y me pregunto si estas tipas o mujeres serán muchas o pocas, si vivirán lejos o cerca, si serán parte de aquello que hace del mundo un lugar tan miserable.
El jugo de mango es perfecto, hace fusión con mis oídos, con mis manos, con el clima.
Quiero que llueva todos los días y quiero que llegue el invierno.
Ya no decido salir a caminar muy seguido. Prefiero divagar en privado, dormir en privado, escuchar música de Calamaro en privado.
Me he vuelto una payasa romántica: creo en todo lo que existe y en todo lo que podría existir.
lunes, 21 de febrero de 2011
Pteridofita
Quien sabe quien fue el autor de aquel libro que con indecoroso placer negaba la existencia de una ciencia que, lejos de inmiscuirse en el estilo del propio autor, auditara de cierta manera la escritura empleada desde los inicios de la literatura hasta el dia de hoy. El libro fue escrito en un verano y finalizado en otoño dos años despues de iniciada la redaccion. El autor era un hombre (o mujer) temperamental y de comportamiento extraño. Por ciertas anecdotas en su obra podria presentirse una impulsiva tendencia a divagar. Aquel libro se llama "El submarino de los hermanos Rivera" y el protagonista es un ser asexual dedicado a la crianza de helechos ornamentales.
jueves, 17 de febrero de 2011
Otra versiòn.
Ayer estuvo en mi cuarto por primera vez. Entró bastante tarde, como a las dos de la madrugada, aunque esa hora puede que también sea bastante temprano.
Estaba sin zapatos, pude sentirlo caminar hacia la puerta. Lo curioso es que sólo sentí los tres pasos más cercanos, como si una nave extraterrestre se hubiera encargado de dejarlo exactamente en mi cuarto, posibilidad bastante difícil sabiendo que un monstruo nunca sabe a dónde ir.
La puerta se estremeció por un segundo cuando tomó del pestillo con su peluda mano. Giró hacia la derecha, empujó con suavidad. Había cierto desnivel en el marco que terminó sorprendiéndolo. Aún así, siguió su cometido.
Estaba sin zapatos, pude sentirlo caminar hacia la puerta. Lo curioso es que sólo sentí los tres pasos más cercanos, como si una nave extraterrestre se hubiera encargado de dejarlo exactamente en mi cuarto, posibilidad bastante difícil sabiendo que un monstruo nunca sabe a dónde ir.
La puerta se estremeció por un segundo cuando tomó del pestillo con su peluda mano. Giró hacia la derecha, empujó con suavidad. Había cierto desnivel en el marco que terminó sorprendiéndolo. Aún así, siguió su cometido.
lunes, 7 de febrero de 2011
Babidi
Me llamo Babidi
y soy una mujer.
Mi número es el siete.
Mi color es el turquesa.
En mis ratos libres
peleo,
peleo por el mal
peleo por los malos
para que se haga
justicia.
Peleo de día
y por la noche
sueño con pelear.
Sueño tras sueño tras sueño
pesadillas en las que
los humanos son buenos
y ganan.
y luego despierto y es de día
entonces peleo,
peleo sin cansancio por los malos
por la justicia de los malos
que es la más grande verdad.
en mi planeta.
Me llamo Babidi,
soy mujer
y peleo.
Hoy
Hoy tuve unas tremendas ganas de desaparecer, más que nunca. Desperté completamente distraída mientras el día se hacía cada vez más caliente. Pensé en vivir en un lugar más frío tal vez y sin quererlo tuve náuseas de la vida, del calor y del verano. Considero completamente injusto tener que desenvolverse en circunstancias catastróficas y encima aguantarte el discurso de fe en un Dios que reparte sin que "chorree", como dicen los famosos y resabidos políticos actuales. Es de mal gusto crear seres humanos inocentes sin un fin de mayor envergadura que la muerte. Nosotros los humanos somos como las flores, como los perros, como el plancton, somo equivalentes a todo porque todos somos universo, y aún así no nos preguntamos qué pasa con una flor cuando muere, o que pasa con aquel pollo que en un afán de volar calló desde la azotea a la casa del vecino. Cuando una flor muere simplemente plantamos más flores y cuando se muere nuestra mascota pensamos en tener otra pronto. No es de buen gusto criar un niño para exponerlo al peligro de la ausencia y el abandono, no es de buen gusto unirse a un hombre o a una mujer sólo por procrear, de hecho es inmoral amar para obtener algo, amar por interés. Si digo esto es porque censurarme sería ensuciarme las manos con mi propia sangre, a lo cual me opongo rotundamente.
He oído hablar a mis amigos de temas trascendentales y los he dejado hablando solos a pesar de su terquedad y mi emoción al conversar. He perdido la brújula que aunque malograda de fábrica me mantenía andando en círculos en un bosque espeso y tenebroso pero de cierta forma gracioso. Me piden que me acerque a Dios, me piden que aprenda de Buda, me piden que les regale sonrisas, me hablan de literatura, de política, me dicen que soy un ser egoísta y caprichoso, me dicen que aprenda de los minusválidos, me preguntan qué pasó con Osho y yo no hago más que callar por respeto, ausentarme. Mis amigos al igual que los amigos de cualquier persona no hacen milagros.
La vida es una cárcel, la muerte también lo es. No queda de otra que esperar el invierno o esperar la lluvia, esperar los climas fríos que nos den un abrazo polar, las tardes de viento, las noches con una chaqueta y un walkman, los cafés, las galletas, la tele, las náuseas incontrolables, las ganas de tener ganas.
domingo, 6 de febrero de 2011
El pintor.

Mirar el mar y mirar el cielo, la similitud de los colores nos hacen pensarlos como entes gemelos, sin que en absoluto lo sean. Hablo en voz alta y el científico me dice que el mar se vuelve nubes, que los procesos, que el universo y yo callo con amargura e ignorancia y no hago más que pensar en el color celeste sumergiéndose dentro de su propia claridad. El pintor debe ser un hombre de bastante fama, pues como a los hombres de fama se les da por pintar cada día algo similiar y el público lo seguiría apreciando, así se repita el mismo cuadro una, dos, tres, cuatro veces, cuatro inequívocas veces. A veces pienso que son dos pintores. El pintor del cielo es un ave y el pintor del mar es un pez. Los imagino pintando y me da risa mientras una ola arremete furiosa contra una roca y se rompe en millones de gotas azules. Río y el mar ríe conmigo. Un ave sobrevuela el paisaje, es el pintor del cielo.
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